Para hablar de esta película, hay que referirse directamente a su realizador John Cassavette, esta es su ópera prima, y comenzó como un experimento que lo impulsó a dedicarse a la creación cinematográfica. Cassavette se encontraba haciendo un taller en Nueva York sobre interpretación, él era actor, en medio del proceso decidió montar la escenografía de un departamento, y utilizando la improvisación creó la base de lo que sería Shadows, pidió a tres de sus alumnos que hicieran de hermanos y les dio algunas indicaciones, lo demás fue fluyendo, Cassavette se dio cuenta de que aquel ejercicio podría ser una película y comenzó a tratarla como tal, pero siempre utilizando la improvisación, de estos actores amateurs, utilizando de equipo técnico a sus propios alumnos, esto se refleja en esta historia, que busca de excusa el tema racial, siendo excepcionalmente protagonizada por personas de raza negra algo inaudito en el cine americano de fines de los 50, estos tres hermanos viven en la urbe de Nueva York, el mayor de ellos es un cantante de Jazz que está haciendo carrera, junto a su manager con el que tiene una relación de amistad, su segundo hermano es un músico, trompetista, quien junto a sus dos amigos pasa el tiempo buscando mujeres, y merodeando, y la menor es una bella muchacha de 20 años, quien lleva el centro de la "historia", al relacionarse con un hombre con quien tiene sexo por primera vez, y quien se sorprende al descubrir que proviene de una familia negra, alejándose de ella y luego arrepintiéndose. Así de sencilla es la trama, lo más trascendental de esta obra es que fondo y forma compatibilizan de una forma sorprendente, de hecho siempre que veo una película de Cassavette siento esto orgánico que emanan, esto vivo, obviamente él entendió esto con su primer film, y posteriormente siguió su búsqueda de lenguaje con sus otras películas, donde hay muchas mejor que Shadows, pero esta fue un ícono del cine independiente de bajo presupuesto. Se cuenta que a través de un programa radial, Cassavette llamó a que le donaran 1 dólar para financiar su película, teniendo una buena respuesta, pasado un tiempo, Cassavette quizo incluir escenas nuevas a lo que ya tenía montado y exhibido, reunió al equipo y grabó esta vez con guión, escrito por él, las escenas que le dan más hilaridad a la película.
Este aspecto de guionista de Cassavette es notable, los diálogos que hace son precisos, fuertes y su forma de trabajar con los actores hace la diferencia con, siendo su principal estrella Gena Rowland, su esposa, y excelente actriz, daba mucha libertad de interpretación, algunos de los actores con los que trabajó comentan, que se preocupaba de describir muy bien la escena y los diálogos, pero nunca se refería a la interpretación eso se lo dejaba a ellos, quizás por venir de el mundo de las tablas, confiaba de buena manera en el enriquecimiento que podía obtener de esta libertad, y estaba abierto a las modificaciones que los acatores le plantearan. Pues en el cine de Cassavette son sus personajes los que se roban la película, puedo perderme en ellos, sus cámaras dejan esta libertad, toman distancia y dejan ser a estos seres, tan peculiares. Muchos de los actores con los que trabajo señalan que su metodología consistía en hacer repetir varias veces las escenas, donde en cada una se agragegaban elementos nuevos, debido al espacio que siempre dejó a la improvisación, y al aporte de los actores, luego escogía. Cassavette, fué capaz de encontrar su lenguaje a través del cine, al ver una de sus películas uno lo reconoce, con Shadows emprendió esa travesía, y esta película se transformó en un ícono en tiempos donde pocos se atrevían a imponerse a Hollywood, con sus grandes presupuestos y estrellas.
Shadows y sus personajes en esta historia simple, sencilla , sin pretensiones, deja paso a un cine lleno de vida, que se respira, que vive por sí mismo.
A Wim Wender le pidieron que hiciera un documental sobre
Lisboa, capital portuguesa, este accedió, ya había sido cautivado por la
belleza de la ciudad, en este proceso conoce a Madredeus, grupo musical
inspirado en la música folclórica portuguesa el fado, pero con un toque
personal donde resalta la voz de Teresa Salgueiro. Wender se conmueve con sus
composiciones y les pide hagan la música, pero Wender no se conforma con eso
hace crecer el proyecto y decide hacer una película de ficción inspirada en los
sonidos de Madredeus y los de la ciudad, sin guión, motivado por el fértil
entusiasmo comienzan a crear juntos Historia de Lisboa.
Todo comienza con una cámara subjetiva, es decir desde
el punto de vista del personaje, Phillipe Winter que es un sonidista alemán,
recibe una postal desde Lisboa donde su amigo Friedrich está haciendo un documental en blanco y
negro sobre la ciudad, con una cámara de manivela, le pide vaya a auxiliarlo ya
que está perdiéndose entre las imágenes por una crisis artística, que es muy
probable, Wender haya vivido también, Winter parte a Lisboa en auto desde
Alemania, aún con cámara subjetiva, en esto quisiera hacer incapié, porque los
primeros minutos de la película, aún no conocemos al personaje, sólo su voz, y
en el transcurso del viaje en auto es a través de la radio que vamos conociendo
los distintos lugares por los que va pasando en su camino a Lisboa, variando
los idiomas y el tipo de música, desde ya se nos prepara para una película
dedicada al sonido, que es mucho más de lo que muchos piensan.
Es gracias al personaje del sonidista que vamos
descubriendo un oficio para muchos invisible, llega, luego de un cómico viaje
donde vive mil desventuras, a Lisboa con un arsenal de maletas que esconden
"sonidos" con el fin de trabajar con su amigo, pero al llegar
descubre que este se encuentra desaparecido, conociendo lo excéntrico que es
Friedrich, comienza a trabajar en su ausencia buscando los sonidos de las mudas
imágenes que tiene almacenadas para el visionado, se instala en la casa donde
este vive, una casona antigüa que es de Madedreus, comienza a interactuar con
el entorno de su amigo, entre ellos un grupo de niños con los que trabaja, sus
colaboradores, ellos son sus camarógrafos, esto es muy importante la figura de
los niños quienes demuestran gran interés en la realización audiovisual, hay
una escena que me pareció conmovedora donde una de las niñas, Sofía, baila
ballet mientras su amigo Zé la filma, suena bastante simple, pero de eso trata
esta hermosa película de lo simple que es tan bello, de la creación que es un
juego de niños, al igual vemos a los dos adultos grabando como si fueran niños,
como jugando, esta película nos
muestra lo simple que puede ser la creación audiovisual y a esto no me refiero
a fácil sino a que dos amigos, o unos niños son capaces de crear con una cámara
y eso es todo lo que hace falta la necesidad de crear. También es en esta casa
donde se encuentra con Madredeus que juega un papel importante en la creación
de la película, siendo inspiradora de esta, en la historia aparecen como si se
encontraran en un concierto personal, en un escenario azul, que nos transporta
a otro mundo, sentados en círculo ensayan Ainda, nombre del disco de la
película, y a través de la historia podemos ir apreciando los distintos temas
que han compuesto especialmente para esta, con la excusa de que son para el
documental de Friedrich, que claramente tiene mucho de Wim Wender, Winter se
conmueve con la voz, y la belleza
de Teresa Salgueiro la vocalista, quien comentó que la idea de hacer una
especie de relación platónica entre el protagonista y ella se le ocurrió a
Wender en pleno rodaje, bueno hay mucho de improvisación y de creación
colectiva en esta película que es muy alegre, desde la fotografía, sus colores,
sus personajes, la historia, su protagonista, Winter, es carismático y
simpático, en una escena le demuestra a los niños como puede construir una
historia a través de sonidos hechos con los objetos que guarda en sus maletas,
el resultado una escena mágica donde los niños van adivinando la historia través de los sonidos que él hace desde
la habitación contigüa, siendo la más pequeña de ellos la que mejor traduce
este lenguaje.
También encontramos varios códigos del cine mudo, como
la transición que va oscureciendo la pantalla de fuera a adentro dejando un
círculo en medio, además en la postal se ve una abreviatura m.o.s. que es un
código utilizado en las realización del cine mudo y significa mit-out sound. O
una simpática secuencia registrada con la cámara a manivela de un hombre
haciendo una actuación a lo Charlot, el clown de Chaplin. La película entera es
una homenaje a la realización cinematográfica, pero a la realización personal,
inocente, un hombre y su cámara que llama a su amigo y su micrófono a buscar
sonidos, sin aparatajes, sin mega presupuestos, sólo sus realizadores y sus
medios de registro.
En esta película Wender hace un homenaje a la
realización audio-visual y hace por separado el merecido reconocimiento de
ambas, mostrándonos las imágenes mudas que Friedrich tiene registradas en
blanco y negro y escuchando a través del micrófono de Winter los sonidos de la
ciudad, de hecho cada vez que este prende su micrófono pasamos directamente a
escuchar los sonidos a través de él, vamos reconociendo a ambos por separado,
siendo el sonido quien llega a rescatar a este realizador loco que teme por las
imágenes, porque según Friedrich se vuelven vacías debido al exceso que existe
en el mundo, su discurso es que ya no nos conmovemos con ellas, porque estamos
perdiendo la sensibilidad, así que decide grabar con la cámara en su espalda
sin intervención de la mirada que está, según él, tan desprestigiada, por esto
está desaparecido, en etapa de
experimentación reuniendo estas cintas sin mirarlas para que algún día nuevas
generaciones las descubran. Winter lo encuentra accidentalmente gracias a su
micrófono que lo graba mientras él va leyendo la poesía de Pessoa, y otro
factor importante, la poesía, hay mucha lectura de esta, por un libro de
Fernando Pessoa que Winter encuentra en casa de Friedrich y que lee cada noche,
la primera frase que descubre “el
pensamiento nació ciego pero sabe lo que está mirando”, hace entrar en razón a
su amigo y lo convence de que el cine puede seguir existiendo por la misma
razón que hace 100 años, cuando nació, porque puede conmover.
Historia de Lisboa es una película linda, sin
pretensiones, sencilla, alegre, hecha para quien quiera disfrutarla, sin necesidad
de ser cinéfilos, pero a quienes somos realizadores nos inspira a llevar a cabo
esos proyectos que tenemos albergados en nuestras mentes. Historia de Lisboa es
sencillamente una obra de arte.
Una estación en medio del amarillo y seco paisaje del oeste, el anciano encargado escribe en la pizarra que el tren trae dos horas de retraso, una mujer indígena espera en silencio, a lo lejos el chirrido del molino acompaña el desolado paisaje, la silueta de tres pistoleros en contraluz da inicio a la que es la mejor epopeya que se pudiera hacer del viejo oeste. Sergio Leone es autor de varios western, pero a mi juicio con este alcanzó la maestría, lo transformó en un cine épico. Son muchos los factores a observar en este film, pero creo los personajes son lo más interesante ya que Leone está despidiendo un cine hecho por sus personajes, con rasgos muy fijos entre una película y otra, con características simples, él los toma y los glorifica, los inmortaliza; en cuanto a la puesta en escena es una ópera compuesta de imágenes cerradas, sonidos, música y silencios.
En la primera escena anteriormente descrita de aproximadamente 13 minutos de duración se aprecia desde ya cual será el tiempo, el ritmo, el punto de vista. Los hombres esperan, pero no por el tren y aguardan en medio de una sinfonía de sonidos amplificados, que denotan el tedioso pasar del tiempo, esta composición musical contemporánea obra de Ennio Morricone nos prepara para recibir una obra audiovisual de un cine occidental, pero estéticamente narrado como sólo los orientales saben hacerlo, de hecho Akira Kurosawa es uno de los directores más influyentes para Leone, el sonido del tren con la cámara puesta en lo rieles y la llegada del primer protagonista, el pistolero sin nombre que encarna el ideal de estos hombres rudos, solitarios que disparan tranquilos, con justicia, el antihéroe. El tren se aleja y nadie baja, los pistoleros se alejan decepcionados cuando la inolvidable melodía de la armónica, esa que tarareamos hasta varios días después, los detiene, el tren pasa y como dueño de todas las certezas, Armónica pregunta "¿dónde está Frank?" y agrega sonriendo haciendo alusión a los tres caballos de los pistoleros "trajeron dos de más", así, de un segundo a otros los disparos, todos caen, sólo armónica se levanta.
Personajes ambigüos, con sus propios códigos morales, cada uno englobando a un ícono del lejano oeste. Sergio Leone tuvo la delicadeza de tomarse el tiempo para contar esta historia, llena de tiempos detenidos enfocados en una mirada, una expresión, de diálogos concisos y escasos, deteniéndose en los rostros de estos personajes que inmortaliza, uno de estos planos que me conmovió en demasía, es el rostro de Timmy el menor de los Macbain, la familia que es masacrada dando inicio a la trama de film, Frank, el malo de esta historia aparece junto a sus secuaces luego de haber matado a toda su familia, y la entrada de Frank, claro está Leone presenta a sus personajes con una solemnidad impresionante, tal como Armónica, Frank, luego de los disparos, se acerca lentamente junto a la melodía que Ennio Morricone compuso para él, hizo una para cada protagonista, un plano de perfil que se va acercando hasta llegar a su rostro oscuro donde resaltan los ojos azules, y Timmy frente a ellos, llorando en silencio, Frank saca su pistola y Timmy lo mira resignado, espera por su muerte. Frank es el ambicioso forajido, el que no se conforma con el poder de su arma, sabe que el dinero gana más respeto, y en una interpretación magnífica de Fonda el malo del oeste se despide.
Este western es probablemente el único donde toda la trama y sus personajes giran alrededor de un personaje femenino metáfora de la madre que da inicio a una nueva norteamérica donde este lejano oeste muere irremediablemente, Jill la viuda de Mcbain que acaba de llegar de la gran ciudad, encantadora, elegante, desentona con este pueblo en construcción, baja del tren y busca a su nueva familia, decidida a convertirse en madre y esposa abandona su vida de prostitución, más nadie llega por ella, en esta escena Leone nos muestra el escenario del viejo oeste, la madera para acabar el pueblo que está a medio hacer, el ganado un bien preciado para la economía, indígenas americanos conviviendo con los colonos, el ritmo del oeste y la promesa de la civilización con la llegada del tren, Jill espera, hasta quedar sola entre el equipaje y comienza su canción, la más nostálgica de todas, una ópera que acompaña la secuencia más espectacular de Leone, Jill camina hasta entrar a la estación, la cámara sigue en movimiento llegando a una ventana donde vemos el interior perfectamente encuadrado, Jill sale hacia el pueblo, y la cámara sube junto a la intensidad de la música que llega al clímax justo cuando nos encontramos con un plano general de todo el pueblo, hermoso, la construcción del pueblo costó a la producción doscientos cincuenta mil dólares y sólo para esta secuencia, de que lo vale, lo vale.
El último protagonista y mi favorito Cheyenne, Leone nos lo presenta de la siguiente forma: Jill que es transportada hasta la que sería su casa en medio de un paisaje conmovedor, debe pasar por un bar en medio de la nada, bar que sirve, para guardar caballos, para bañarse, para dormir, y quizás cuanta otra cosa. Jill conversa con el cantinero que la mira con alevosía, afuera se escuchan disparos, múltiples planos cerrados de quienes se encuentran en el lugar, y a la espera, en silencio, otra herramienta esencial en el cine de Leone, saber cuando callar. Un hombre entra y comienza a sonar, la más simpática de todas las composiciones de Morricone, Leone convierte en esencial momentos que parecen triviales, dilata el tiempo al máximo logrando tensión, Cheyenne se acerca a la barra frente a las miradas de todos, pide un trago y sólo ahí descubrimos que sus manos están esposadas, mira el lugar, mira a Jill ¿y quién no?, y comienza nuevamente a sonar la inolvidable armónica, Leone se preocupó de que este viajero sin nombre que llega al pueblo en busca de Frank, sin que sepamos hasta el final el motivo, apareciera siempre de una forma solemne como si fuera un observador llegando siempre en el momento preciso, Cheyenne lo busca en la oscuridad, le arroja una lámpara y lo vemos ahí con su armónica y su pistola siempre a la vista, Cheyenne juega con él, de hecho él representa a ese bandido que no es tan malo, que es más que nada travieso, sin ley, jugando hasta que alguna bala acabe el juego, es el primer contacto entre ellos, y se emana un mutuo respeto.
Otro factor importante son los diálogos, las palabras no sobran en el cine de Leone, uno de los diálogos más memorables es entre Cheyenne y Jill en su primer encuentro, mientras esta decide marcharse, y él que ha sido inculpado por Frank de la masacre, llega a la casa de los Macbain para saber que tan valioso puede haber para asesinar a toda una familia, Leone nos demuestra que cuando hay que hablar se debe hacer con clase, con una frase, Cheyenne, demuestra inocentemente que no es el culpable "podría matar cualquier cosa, pero nunca a un niño, es como matar a un cura católico", entre él y Jill se genera una relación, él está claramente conmovido por esta mujer, sabiendo su origen la compara con su madre una gran mujer y al igual que Jill prostituta, y otra frase de antología "quien haya sido mi padre, por un día o un momento, fue un hombre feliz".
Quisiera llegar a una escena crucial donde se juntan los 4 personajes, faltando aclarar de la trama los motivos que tiene Armónica para buscar a Frank. Jill remata las tierras, amenazada por Frank quien le perdona la vida por sus encantos femeninos, Frank que está logrando apoderarse del poder de Morton, un millonario que viaja en el tren esperando llegar al mar antes que una enfermedad termine de pudrirlo por completo, tiene a sus secuaces en la subasta, obteniendo las tierras, a muy bajo costo, y otros junto a Morton amenazándolo hasta que este los soborna y les pide la cabeza de Frank, la subasta está a punto de terminar, y Armónica como siempre aparece como un fantasma o un Dios, ofrece 5000, pero no paga en efectivo, detrás de él Cheyenne baja con las manos atadas, su cabeza vale eso, se hace de las tierras, que obviamente son para Jill, se entiende que es un plan, armónica no es la clase de tipo que traiciona, y Cheyenne no es tan tonto para dejarse atrapar, se lo llevan a la cárcel y Armónica espera, Frank aparece y aquí comienza, con una iluminación que debió ser aparatosa podemos desde el salón ver lo que ocurre a lo lejos fuera, a Leone le encanta aguardar por el momento perfecto, le encanta crear expectación y una vez más nos deja sin saber que busca Armónica, este que parece dominar el tiempo y el espacio, mira por la puerta, a través de su mirada nos vamos dando cuenta de el extraño movimiento en los techos, vemos muy de cerca su rostro, su mirada inteligente y sabemos que algo va a ocurrir, Frank está sentado esperando una explicación, Armónica sube al segundo piso donde Jill toma un baño, mira por la ventana y aguarda, Frank sale y nota también algo, ese silencio que viene antes de las balas, ese silencio que Leone a comprendido como fundamental, lo apuntan desde distintos puntos, y en el momento justo Armónica le salva la vida, entre los dos acaban con los traidores, y la expresión de Frank, Henri Fonda logró una interpretación espectacular, la sorpresa por ser traicionado se refleja en sus ojos, algo dolidos, armónica logra lo que quiere, no es salvar la vida de Frank sino hacer que este llegue a él para el duelo final.
Jill vestida acorde a su nuevo hogar sirve agua a lo trabajadores que traen los rieles hasta su hogar, donde se yergue la estación que tanto líos armó, Cheyenne llega algo doblado, se afeita y comparte un último momento con Jill, y una vez más nos regala unas frases memorables, le pide a Jill que lleve agua a los trabajadores "no sabes lo bien que le hace a un hombre sólo mirar a una mujer como tú", y que más si por ella se armó toda la historia, ella por su parte espera por armónica que afuera talla un pedazo de madera, hasta que Frank llega, es el momento prometido, ambos caminan hacia atrás de la casa, y como sólo Leone sabe hacerlo el duelo se transforma en el homenaje que merece, Frank busca su lugar, camina lentamente mirándose uno al otro a los ojos, quiere saber por qué ese hombre está ahí, Armónica también toma posición, y en un primer plano a los ojos de él podemos por fin conocer la verdad, Frank camina hacia él con la armónica en la mano, se la pone en la boca, él es un niño y sostiene sobre los hombros a su hermano que está amarrado por el cuello a una soga, si él deja de tocar su hermano muere, cae, su hermano lo libera y se escucha el disparo, Frank cae y exige antes de morir una explicación, Armónica sin decir nada se quita la armónica del cuello y se la coloca en la boca, Frank recuerda y cae. El tipo bueno ganó, pero el salvaje oeste está destinado a morir. Jill y Cheyenne aguardan para saber el resultado, y otro de los trucos favoritos de Leone, mostrar el efecto en vez de la causa, Jill sonríe, es él quien entra, pero como Cheyenne le ha advertido y demostrando el espíritu de estos hombres destinados a desaparecer "él no es para tí, estos hombres tienen una marca con la muerte". Armónica se despide, sabe que no volverá ahí jamás. Cheyenne también se despide y en una broma toca el trasero de Jill haciendo alusión a lo que le había dicho de si uno de los trabajadores lo hacía "haz de cuenta que no fue nada". Quizás esta frase la puso Leone a propósito haz de cuenta que no fue nada, pronto no quedará rastro de nuestro mundo la civilización no permitirá a seres como nosotros.
Aquí viene otra muerte simbólica, Cheyenne está herido y cae del caballo, Armónica se acerca, pero este le pide que no lo vea morir y le desea que cuando él muera sea a manos de alguien que al menos sepa disparar, otro de los íconos se va, y en una muerte que tiene mucho de samurais, Armónica se aleja respetuosamente para que Cheyenne viva su muerte tranquilo. Vemos por última vez a Armónica alejarse con su caballo y Cheyenne sobre él seguramente va a dar sepultura a su camarada.
Y el tren llega a la estación finalmente, aún está construyéndose pero s un pueblo prometedor, Jill lleva agua a los hombres que la rodean como a una madre, la modernidad llegó, y ella podrá decir érase una vez en el oeste.